1.5. Para ampliar

1.5.1. El emocionante color de la imagen

Al fin y al cabo una imagen no es mas que un puñado de cuadraditos coloreados y, en la mayoría de los casos, todas las ilustraciones que editamos o quisiéramos editar presentan una llamativa gama cromática. Resulta sorprendente la magia y el misterio que encierran los colores.

En un experimento reciente, un grupo de personas fue invitado a degustar unas tazas de café, la primera que le ofrecieron la calificaron de demasiado fuerte y amarga, en cambio la segunda, demasiado floja, mientras que la tercera les resultó plenamente satisfactoria. En este estudio participaron 200 personas considerando un 84% de ellas que la tercera taza presentaba un café aromático y de excelente sabor. Sin embargo, lo que no sabían estos 200 participantes en este test llevado a cabo por un grupo de investigadores de mercado norteamericanos era que les habían servido siempre el mismo producto, primero en una cafetera marrón, luego otra amarilla y finalmente una de color rojo. Tan sólo bastó modificar el color del envase para convencer a la mayoría que se trataba de diferentes clases de café.

Los colores desencadenan emociones en el ser humano. Un fenómeno ya descrito por el escritor y científico Johann Wolfgang von Goethe en su libro "Teoría de los colores" publicado en 1810, donde sostenía que el espectro luminoso se componía de seis colores dando origen a lo que más tarde se llamó la "rueda de color".

Lo mismo que ocurre con los sonidos, los colores iluminan o ensombrecen nuestro estado de ánimo. Sin embargo todo esto resulta aún más misterioso si tenemos en cuenta que el color no existe en el mundo físico, la materia y la energía son incoloras, seríamos incapaces de distinguir una rosa roja de una rosa blanca iluminada de rojo. La experiencia constituye un factor fundamental en la percepción de los colores, pero nos sigue pareciendo más ligero un objeto pintado de blanco que el mismo objeto pintado de negro.

Desde el punto de vista de la evolución de las especies, el color es un auténtico lujo. Son pocas las criaturas capaces de percibirlo. Para perros y gatos el mundo es siempre gris, día y noche, el ojo humano, por el contrario es capaz de percibir los matices claros y oscuros gracias a sus 100 millones de bastones en nuestra retina. En el mundo animal, la visión del color se orienta hacia la supervivencia, los insectos que dependen de determinadas flores perciben el amarillo, el azul o el verde, en cambio el rojo apenas lo ven porque desempeña para ellos un papel secundario. Ocurre lo contrario con las aves que se alimentan de bayas rojas.

El ser humano es capaz de identificar normalmente entre 200 y 250 colores, que provocan en él emociones y sentimientos, despiertan en apetito, estimulan el erotismo, provocan agrado o rechazo, alteran el pulso y la respiración, en definitiva, son emocionantes, por eso, los consideramos "cálidos" o "fríos", "chillones" o "discretos". Paul Cézanne llegó a decir: "Para el pintor, la única verdad está en los colores. Un cuadro no representa nada, no debe representar mas que colores".

En el arte medieval, cada color tenía un significado claramente definido, el blanco simbolizaba pureza, el rojo, misericordia, el dorado, dignidad, el negro, humildad... Sin embargo, a finales del siglo XIX, los artistas liberaron al color de estas servidumbres simbólicas.

Claude Monet, pintor impresionista, decía: "Cuando empieces a pintar tienes que olvidar los objetos que ves: un árbol, una casa o lo que sea. Has de pensar, más bien que éste es un cuadradito azul, que aquí hay un rojo claro alargado y allí una pincelada de amarillo".

El puntillista Georges Seurat se atrevió a más y descompuso las superficies cromáticas en puntos yuxtapuestos. Estaba, quizás sin pretenderlo, sentando las bases de la televisión en color.

El consumo está tiranizado por el color. Los diseñadores de envases tienen muy en cuenta las "emociones cromáticas", por eso no es casualidad que los productos de limpieza se presenten envasados en recipientes que van desde el blanco al azul verdoso, los refrescos monopolizan el verde amarillento y las cremas que parecen saludables para la piel se visten de color rosa. Una colonia envasada en un recipiente negro es un fracaso programado.

Si nos acercamos a la moda masculina observaremos un desolador paisaje cromático. Los trajes de los "ejecutivos" presentan unos tonos encasillados entre el gris y el negro desde la época victoriana, tan sólo las corbatas escapan de estas tinieblas y aportan algo de vida a estos uniformes monocromos. Un caballero renacentista no comprendería hoy estas tendencias, acostumbrado a considererar el rojo como símbolo del poder adquisitivo, al ser tremendamente caro teñir un paño de un tono rojo chillón.

Cuando la Inquisición declaró la vanidad, pecado mortal, acabó con el colorido de la Edad Media y la renuncia al color pasó a considerarse piadosa, a partir de ese momento, los caballeros optaron por abandonar el color para aparentar seriedad y distinción. Las damas, en cambio, se encuentran al margen de estas convenciones, quizás estén presas de otras, pero si prefieren tonos claros y radiantes, son muchos los diseñadores que satisfacen con creces sus deseos presentando colecciones basadas en el naranja, e incluso ¡frambuesa!, para todo tipo de prendas.

A todo ésto, ¿qué pasa en los hogares? En la decoración de la casa, las preferencias van también de extremo a extremo. Marrones y tonos oscuros de principios del siglo XX, ambientes claros en los cincuenta, explosión de colorines en los sesenta, mucho gris y acero inoxidable en los funcionales setenta y ochenta para terminar el siglo con un guiño a los coloridos orientales y todo parece indicar que para este segundo milenio dominarán los tonos azules indicando que los nuevos ciudadanos añoran el aire puro y los amplios horizontes refrescados con aguas cristalinas.

Eva Heller preguntó a 1.888 hombres y mujeres qué color asociaban a una lista de 200 atributos y sentimientos, entre los que se encontraban conceptos tan variopintos como "zozobra", "anticuado", "sosiego" o "redondo". Comparando los resultados obtenidos para ideas semejantes se dibuja una lógica interna en nuestra percepción de los tonos de color.

En el terreno sentimental del amor-odio, el color dominante fue el rojo, la "pasión" aparece vinculada al rojo y al violeta, mientras que si matizamos a la "lujuria" el violeta asciende desde el 14 al 22% tras el rojo que desciende del 48 a 31%. Cabe preguntarse sobre la seriedad de considerar un libertino a una persona que cite al violeta como su color preferido.

En 1949 el sicólogo suizo Max Lüscher publicó el test que lleva su nombre de plena popularidad hasta los años 70, en el que se deben clasificar 8 tarjetitas según las preferencias personales. Para este sicólogo, el test permite establecer tendencias criminales, apreciaciones sobre el sentido de la vida y otras características reveladoras de la personalidad, sin embargo, hoy en día, se cuestionan estos resultados en los ámbitos sicológicos por considerarlos demasiado imprecisos.

El color estrella es, sin duda, el azul. Es el preferido por hombres (40%) y mujeres (36%) a gran distancia del rojo (20%), quizás por su componente aventurero, el azul infinito del mar y de cielo. Simboliza la fidelidad, racionalidad y el orden, por eso, constituye el color ideal de los uniformes estatales. También se asocia al frío, sobre todo en los países meridionales. En una fábrica cuya nave fue pintada de azul claro, las trabajadoras se quejaron muy pronto de trastornos en la vejiga.

También son azules las virtudes frías como el orgullo o la inteligencia y la ciencia. El azul posee un curioso devenir al extenderse a la barata ropa de trabajo de los "monos" con lo que el color de los uniformes y de los trajes elegantes se convirtió, por obra y gracia de los vaqueros, en el color de la protesta.

El rojo ocupa un confortable segundo lugar entre las preferencias cromáticas del ser humano y simboliza de un lado, energía y alegría, por otra, calor y avidez, recuerda la sangre y el fuego y representa todas las pasiones. Lo prohibido y peligroso son tan rojos como los letreros que los señalan. Tiene, también, una ajetreada vida en lo concerniente a su simbolismo.

Empezó asociado al poder masculino, los reyes y cardenales vestían de rojo cuando el azul se consideraba femenino por la Virgen María. Fue en los años veinte cuando los bebés masculinos empezaron a llevar vestiditos azules y los femeninos, rosas. Hoy día el rojo es considerado femenino por su cercanía al color rosa.

Completa el trío de colores elementales el verde, símbolo de ecología y salud. Se obtiene mezclando amarillo y azul y trasmite sosiego. Goethe, por ejemplo, mandó pintar su despacho de color verde: "Más no se necesita y más allá no puede irse" ¿Estarán de acuerdo los alumnos cuya mirada ha de centrarse contínuamente en la pizarra verde de sus aulas? Este color, símbolo de la fertilidad, es muy importante donde no abunda, por eso en el Islam se le considera el color sagrado del Profeta.

El concepto que posee el ser humano de los tonos de color presentan, como es lógico, multitud de facetas ligadas a factores geosociales y culturales. En Europa, por ejemplo, el amarillo fue el color del desprecio y la denuncia hacia prostitutas, herejes o la estrella de David de los judíos. Hoy día continua siendo impopular al asociarse a egoísmos como la envidia y la avaricia, todo lo contrario que ocurre en China donde es el color del emperador y simboliza la felicidad, la armonía y la sabiduría.

En las estepas rusas el rojo goza de gran aprecio y la "esquina roja" es el lugar de honor para los iconos, sin embargo, en las regiones cálidas el rojo es un color negativo por su identificación con el calor axfisiante.

El luto no siempre es negro. En las culturas donde la muerte significa la anhelada transición a otras vidas, el radiante blanco desplaza al lúgubre negro como símbolo de luto.

Incluso podríamos citar connotaciones lingüisticas en la importancia de los colores para determinados pueblos, por ejemplo, en Francia el abuso del vino te va poniendo "gris" y finalmente "negro", mientras que en Alemania el azul (blau) es en el único país que designa la borrachera. Los orígenes de esta asociación son muy curiosos y se remontan a la Edad Media donde el método utilizado para fabricar un colorante, el índigo, consistía en mezclar la planta con orina y alcohol para su fermentación. Muy pronto los tintoreros lo consideraron un desperdicio y decidieron aportar menos alcohol a la fermentación y más a sus estómagos.